Camino

Fotografía: © René Baptista


Durante mucho tiempo pensé que iba acumulando cosas.

Fotografías de ciudades que no quería olvidar.

Libros llenos de notas al margen.

Objetos encontrados en mercados, museos o viajes cuyo valor me resultaba imposible explicar, aunque intuía que algún día lo entendería.

Cuadernos escritos en aeropuertos, cafés, obras o habitaciones de hotel.

Ideas anotadas con prisa durante una caminata para evitar que desaparecieran unos minutos después, como esas conversaciones que recordamos con claridad solo mientras todavía las estamos teniendo.

Con el tiempo comprendí que nunca había estado coleccionando objetos.

Lo que realmente iba reuniendo era una manera de mirar.

Mi nombre es Cristóbal Ramírez de Aguilar. Soy arquitecto y nací en la Ciudad de México.

La arquitectura ha ocupado una parte importante de mi vida, pero hace tiempo dejó de ser el único lugar desde el que intento entender el mundo.

Me interesan las ciudades tanto como los libros.

Los edificios tanto como las conversaciones que ocurren dentro de ellos.

Un objeto cotidiano puede despertar en mí la misma curiosidad que una ruina antigua, una película o un paisaje.

Con los años he descubierto que las ideas más interesantes rara vez respetan las fronteras entre disciplinas.

Suelen aparecer en los márgenes.

En ese territorio donde la arquitectura se encuentra con la historia, donde el diseño conversa con la antropología o donde un viaje termina explicando algo que parecía pertenecer únicamente a la literatura.

Siempre he pensado que el conocimiento se parece menos a una biblioteca perfectamente ordenada que a una ciudad antigua.

Uno camina sin un recorrido completamente definido.

Dobla una esquina.

Se pierde.

Regresa sobre sus pasos.

Encuentra una calle que no esperaba.

Y, de pronto, descubre una conexión que parecía imposible apenas unos metros atrás.

Después resulta evidente que siempre había estado ahí.

Este sitio nace de esa forma de recorrer el mundo.

No es un portafolio, aunque aquí también aparezcan proyectos.

No es una autobiografía, aunque muchas de estas páginas comiencen con una experiencia personal.

Tampoco pretende ofrecer respuestas.

Es, simplemente, un lugar donde reunir aquello que ha conseguido permanecer conmigo.

Los escritos reúnen observaciones, recuerdos y preguntas nacidas de viajes, lecturas, proyectos o conversaciones.

Los lugares conservan ciudades y paisajes que modificaron mi manera de mirar.

Los objetos reúnen piezas que he diseñado, construido o admirado; intentos por comprender cómo la materia puede convertirse en memoria.

El cuaderno permanece abierto: fotografías, referencias, hallazgos e ideas que todavía no saben exactamente en qué terminarán.

Me gusta pensar que las mejores ideas necesitan tiempo antes de encontrar su forma definitiva.

Con los años también he descubierto que casi nunca me interesan las cosas por sí mismas.

Me interesa la historia que contienen.

Las relaciones invisibles que establecen con otras épocas, otros lugares y otras personas.

La manera en que un edificio, una fotografía o un objeto cotidiano pueden sobrevivir a su función original para convertirse en testimonio de una forma de vivir.

Hay algo profundamente fascinante en esa capacidad que tienen ciertas cosas para seguir hablando cuando quienes las hicieron ya no están. Como las piedras de una ciudad antigua que continúan contando historias sin necesidad de pronunciar una sola palabra.

Quizá por eso escribo.

No porque crea tener respuestas.

Escribo porque la escritura me obliga a observar con mayor atención.

A detenerme donde normalmente seguiría caminando.

A descubrir relaciones que antes parecían casuales y que, vistas con cierta distancia, terminan revelando un orden inesperado.

La ironía es que casi nunca encuentro aquello que estaba buscando al principio. En cambio, suelo regresar con preguntas mejores que las que llevaba al salir.

Y sospecho que eso es suficiente.

Si existe un hilo conductor entre todo lo que aparece aquí, probablemente sea esa curiosidad.

No la curiosidad por saber más.

Sino por comprender mejor.

Comprender cómo habitamos el mundo.

Qué decidimos construir.

Qué elegimos conservar.

Y por qué algunas personas, lugares u objetos permanecen con nosotros mucho después de que el momento ha terminado.

Al final, este sitio no es más que un mapa necesariamente incompleto de esa exploración.

Un archivo de preguntas.

Un cuaderno abierto.

Y el registro, siempre provisional, del camino que sigo recorriendo.